Durante 12 largos años Martin Pistorius fue mudo prisionero dentro de su propio cuerpo. Todos pensaron que Martin estaba inconsciente, que no veía ni escuchaba nada. Sin embargo, todo mundo estaba a punto de sorprenderse.
Durante esos 12 años en coma, Martin asegura que vio, escuchó y entendido todo lo que pasaba a su alrededor, pero no podía dar una sola señal de esto, dado que era completamente incapaz de hablar o moverse. Es increíble imaginar que alguien pase por semejante situación.
A sus 12 años de edad, Martin crecía y vivía completamente sano.
A finales de los años 80s, Martin y su familia vivían en Sudáfrica. Entonces sucedió un día, el chico llegó a casa de la escuela y comentó que se estaba sintiendo mal.
Poco a poco, Martin se sentía cada vez peor. Entonces perdió la capacidad de hablar, sus músculos se debilitaron, y llego un punto en que era incapaz de moverse.
Los médicos llegaron a la conclusión de que se trataba de una nueva enfermedad degenerativa. Informaron a los padres que su hijo estaba perdiendo completamente la conexión con el mundo que lo rodeaba y no entendía por qué estaba sucediendo.
Finalmente, Martin entró en un estado vegetativo que duró 4 años. Los diagnósticos médicos no eran optimistas en absoluto.
Cuando Martin tenía 16 años, comenzó a recobrar la consciencia (estimado por él mismo), pero sólo por momentos y percibía a las personas a su alrededor y no recordaba nada, algo así como “un bebé recién nacido”.
A los 19, recobró totalmente la consciencia, pero era incapaz de comunicarlo. Apenas podía realizar algunos movimientos que sus cuidadores nunca captaron.
Entonces, cierto día, cuando Martin ya tenía 25 años, Virna van der Walt, una de sus cuidadoras diurnas y aromaterapista, notó que Martin reaccionaba a preguntas específicas que ella le formulaba. Entonces, Virna recomendó a sus padres que lo enviaran al “Centre For Augmentative And Alternative Communication”, de la Universidad de Pretoria, donde confirmaron que Martin estaba completamente consciente y era capaz de responder a preguntas.
Sus papás le dieron una computadora, con un software especial para que pudiera comunicarse con las personas que lo rodeaban.
Martin padecía el síndrome de enclaustramiento, resultado de una lesión en el tallo cerebral. Es una condición en la que el paciente está alerta y despierto pero incapaz de moverse o comunicarse verbalmente, debido a una parálisis total de todos sus músculos voluntarios, a excepción de los ojos.
Este es Martin, hoy en día.
Martin comentó más tarde que vio y escuchó muchas cosas, pero nadie se fijó en él, era como si fuera un fantasma. Incluso, en cierta ocasión, recordó que escuchó a su madre decir, en un momento de desesperación, que hubiera sido mejor si su hijo muriera.
“No tenía idea de que lo había oído. Lo siento tanto”- Señaló la madre de Martin con el corazón roto.
Para Martin fue muy difícil escucharlo, porque entendía que lo decía por desesperación, y no podía decirle que era una buena madre.
Martin alternaba su estancia entre la casa de sus padres y centros de tratamiento, en los que, en ocasiones, fue torturado. Pero, Martin señaló que vivió más cosas buenas que malas en los centros médicos. Fue uno de ellos quien vio una luz de vida en sus ojos.
Poco a poco, y tras enormes esfuerzos, Martin aprendió a comunicarse y comenzó a controlar su cuerpo de nuevo. Eventualmente se graduó de la universidad y obtuvo un permiso de conducir. Ahora conduce un coche especialmente adaptado.
En 2008 conoció a una amiga de su hermana Joanna. Y se casó con ella en el año 2009.
En 2011 Martin publicó un libro con el título de “El chico fantasma”, su autobiografía, y en el 2015, dio una conferencia en un evento de TEDx.
Después de vivir semejante situación, Martin despertó, ha iniciado su vida de nuevo y parece que la suerte ahora le sonríe…
A finales de los años 80s, Martin y su familia vivían en Sudáfrica. Entonces sucedió un día, el chico llegó a casa de la escuela y comentó que se estaba sintiendo mal.
Poco a poco, Martin se sentía cada vez peor. Entonces perdió la capacidad de hablar, sus músculos se debilitaron, y llego un punto en que era incapaz de moverse.
Los médicos llegaron a la conclusión de que se trataba de una nueva enfermedad degenerativa. Informaron a los padres que su hijo estaba perdiendo completamente la conexión con el mundo que lo rodeaba y no entendía por qué estaba sucediendo.
Finalmente, Martin entró en un estado vegetativo que duró 4 años. Los diagnósticos médicos no eran optimistas en absoluto.
Cuando Martin tenía 16 años, comenzó a recobrar la consciencia (estimado por él mismo), pero sólo por momentos y percibía a las personas a su alrededor y no recordaba nada, algo así como “un bebé recién nacido”.
A los 19, recobró totalmente la consciencia, pero era incapaz de comunicarlo. Apenas podía realizar algunos movimientos que sus cuidadores nunca captaron.
Entonces, cierto día, cuando Martin ya tenía 25 años, Virna van der Walt, una de sus cuidadoras diurnas y aromaterapista, notó que Martin reaccionaba a preguntas específicas que ella le formulaba. Entonces, Virna recomendó a sus padres que lo enviaran al “Centre For Augmentative And Alternative Communication”, de la Universidad de Pretoria, donde confirmaron que Martin estaba completamente consciente y era capaz de responder a preguntas.
Sus papás le dieron una computadora, con un software especial para que pudiera comunicarse con las personas que lo rodeaban.
Martin padecía el síndrome de enclaustramiento, resultado de una lesión en el tallo cerebral. Es una condición en la que el paciente está alerta y despierto pero incapaz de moverse o comunicarse verbalmente, debido a una parálisis total de todos sus músculos voluntarios, a excepción de los ojos.
Este es Martin, hoy en día.
Martin comentó más tarde que vio y escuchó muchas cosas, pero nadie se fijó en él, era como si fuera un fantasma. Incluso, en cierta ocasión, recordó que escuchó a su madre decir, en un momento de desesperación, que hubiera sido mejor si su hijo muriera.
“No tenía idea de que lo había oído. Lo siento tanto”- Señaló la madre de Martin con el corazón roto.
Para Martin fue muy difícil escucharlo, porque entendía que lo decía por desesperación, y no podía decirle que era una buena madre.
Martin alternaba su estancia entre la casa de sus padres y centros de tratamiento, en los que, en ocasiones, fue torturado. Pero, Martin señaló que vivió más cosas buenas que malas en los centros médicos. Fue uno de ellos quien vio una luz de vida en sus ojos.
Poco a poco, y tras enormes esfuerzos, Martin aprendió a comunicarse y comenzó a controlar su cuerpo de nuevo. Eventualmente se graduó de la universidad y obtuvo un permiso de conducir. Ahora conduce un coche especialmente adaptado.
En 2008 conoció a una amiga de su hermana Joanna. Y se casó con ella en el año 2009.
En 2011 Martin publicó un libro con el título de “El chico fantasma”, su autobiografía, y en el 2015, dio una conferencia en un evento de TEDx.
Después de vivir semejante situación, Martin despertó, ha iniciado su vida de nuevo y parece que la suerte ahora le sonríe…
Fuente PERFECTO
